Un proyecto de la Fundación Vida Silvestre en San Pedro
Recuperan 305 hectáreas de selva con el compromiso de las familias rurales
Lo que comenzó en 2019 como un desafío para recuperar sectores degradados de la selva misionera muestra hoy cambios concretos en las chacras de San Pedro. En siete años, 123 familias rurales se involucraron en la restauración de 305 hectáreas de monte nativo, mientras más de 100 mejoraron su acceso al agua. En promedio, pasaron de disponer de unos 300 litros diarios a contar con reservorios que superan los 1.700 litros, directamente en sus hogares.
Los resultados forman parte del proyecto “Restaurando la Selva Misionera para la Naturaleza y la Gente”, que Fundación Vida Silvestre Argentina desarrolla junto a familias rurales, en articulación con la Secretaría de Desarrollo Rural y Medio Ambiente de la Municipalidad de San Pedro y el Inta.
Conservación, producción y necesidades cotidianas de las familias son las premisas que forman parte de una misma intervención. Esa mirada vuelve indispensable el compromiso de los colonos, quienes deciden qué sectores de sus propiedades destinarán a la recuperación y participar posteriormente de su cuidado.
Una muestra de ese trabajo se vivió hace unas semanas en la chacra de Gladys Chuquel, productora del paraje Alegría, que desde hace 36 años vive y trabaja en el lugar. Allí se concretó una plantación en macizo con especies nativas, una de las últimas etapas de un proceso que comenzó mucho antes de colocar los plantines en la tierra.
Para llegar a esta etapa cada familia atraviesa previamente un relevamiento que permite conocer su realidad productiva, el acceso al agua, las condiciones del monte y los sectores que pueden recuperarse. "Hay un plan de intervención en el territorio con las familias. Un trabajo previo de análisis sobre las condiciones de acceso al agua, de las acciones productivas que se desarrollan y de los sitios donde se puede intervenir con restauración", indicó a El Territorio Jonatan Villalba, joven ingeniero sampedrino y especialista en Restauración y Comunidad de Fundación Vida Silvestre y que forma parte del equipo que lleva adelante el proyecto en el terreno.
En materia ambiental existen tres modalidades principales. Una contempla el enriquecimiento del bosque nativo existente; otra incorpora árboles nativos dentro de sistemas productivos, como los yerbales, para avanzar hacia modelos agroforestales; y la tercera es la plantación en macizo.
Esta última fue la aplicada en la chacra de Gladys y apunta a sitios donde el bosque desapareció y existe un mayor nivel de degradación. "Es una plantación que se realiza a una mayor densidad, alrededor de 500 árboles por hectárea. Son sitios totalmente degradados donde se ha quitado el bosque y buscamos recomponerlo", explicó Villalba.
Al momento de elegir los espacios priorizan bordes de arroyos, vertientes, áreas relacionadas con fuentes de agua y pendientes pronunciadas, donde la ausencia de cobertura vegetal puede favorecer el escurrimiento y la pérdida de suelo. Cuando exista una fuerte compactación se utiliza un subsolador para mejorar las condiciones del terreno antes de plantar.
La jornada realizada en paraje Alegría correspondió a una de las 20 familias que integran la fase 2 del proyecto. El objetivo es que, con los cuidados posteriores y la regeneración natural, esos espacios vuelvan progresivamente a convertirse en monte.

A partir de la colocación de los plantines, comienza una etapa fundamental para conocer los resultados de cada intervención. “Lo que sigue son las acciones de monitoreo: controlar la supervivencia de los plantines, la cobertura, su desarrollo y crecimiento. Trabajamos a través de un monitoreo participativo que hacemos con la familia”, señaló.
Es así que el seguimiento permite observar qué sucede con los árboles plantados, pero a la vez cómo responde el propio ambiente. En algunos terrenos comienza a aparecer vegetación herbácea y, posteriormente, especies pioneras que surgen por regeneración natural.
De esta manera, las familias dejan de ocupar solamente el lugar de beneficiarios para transformarse en protagonistas del proceso, porque buena parte del resultado depende del cuidado que continúe dentro de cada chacra.
En relación a esto, Omar Masnowski, asistente de conservación de la fundación, plasmó esa idea al expresar que “nuestro trabajo no es sólo plantar árboles y sumar superficies, sino que buscamos la participación, el involucramiento y compromiso de las familias como parte de todo un proceso colectivo”.
Recuperar parte de lo que se perdió
Gladys conoce cerca de cuánto cambió el paisaje rural. Durante toda su vida se dedicó a la agricultura con producción de yerba mate, tabaco y otros cultivos anuales. Por eso, cuando tuvo la posibilidad de incorporarse al proyecto decidió destinar parte de su propiedad a recuperar especies nativas. “Me sumé porque creo que es una manera de poder recuperar nuestra flora silvestre que se fue devastando con el correr de los años. Es muy importante porque podré recuperar, en parte, lo que se perdió con el paso del tiempo y contar con plantines de diversas especies nativas”, expresó con entusiasmo.
Para ella, la jornada dejó algo más que nuevos árboles en su chacra porque fue un día de aprendizaje, de sumar conocimientos para aplicar en su día a día. “Todos deberíamos tener en cuenta el valor de la reforestación con especies nativas”, sostuvo.
Actualmente necesita mejorar la infraestructura para disponer de un mayor caudal de agua y espera avanzar en ese aspecto con la asistencia prevista. A eso se suma un proyecto productivo que tiene un significado particular en su vida. Durante años encontró en la cría de porcinos una actividad rentable y que disfrutaba, hasta que atravesó la pérdida de su compañero y no pudo continuar.
"La cría de porcinos siempre fue mi emprendimiento favorito, hasta que un día todo se vino abajo cuando perdí a mi compañero y me quebré. Hoy, con la ayuda del proyecto, podré arrancar nuevamente", contó.
Restaurar el monte y acompañar
La experiencia de Gladys refleja la mirada integral que Vida Silvestre busca aplicar en las chacras. Las familias pueden acceder a capacitaciones y acompañamiento técnico de acuerdo con las actividades productivas que eligen desarrollar, junto con acciones destinadas a mejorar el acceso al agua y recuperar ambientes degradados.
En San Pedro, desde 2019, 305 hectáreas entraron en proceso de restauración junto a 123 familias rurales en chacras que están lindando o conforman áreas de suma importancia como el Parque Provincial Cruce Caballero, el Parque Provincial Piñalito y la Reserva de Biósfera Yabotí. Más de 100 mejoraron su acceso al agua mediante protección de vertientes, reservorios, bombeo y almacenamiento. El volumen disponible pasó, en promedio, de unos 300 litros diarios a más de 1.700.
A nivel provincial, la Fundación Vida Silvestre Argentina lleva 18 años de trabajo junto a familias rurales. Entre Comandante Andresito y San Pedro fueron plantados más de 270 mil árboles nativos y existen más de 820 hectáreas de selva en proceso de restauración con la participación de 260 familias.