Pisa 2025: “Los estudiantes argentinos son los que más se distraen con el celular en las clases“

El coordinador de Políticas Educativas de Argentinos por la Educación, Federico del Carpio, analizó los resultados de PISA 2025 y advirtió sobre las dificultades que atraviesa el sistema educativo. Señaló el peso del contexto socioeconómico, el impacto de las pantallas y el ausentismo escolar, aunque remarcó que ninguno de estos factores por sí solo explica los resultados.
lunes 14 de septiembre de 2026 | 0:05hs.

Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a poner bajo la lupa los aprendizajes de los adolescentes argentinos. De los estudiantes de 15 años evaluados, tres de cada cuatro no alcanzaron los niveles mínimos de desempeño en matemática, mientras que en lectura y ciencias la proporción fue de seis de cada diez.

Para Federico del Carpio, licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires y coordinador de Políticas Educativas de Argentinos por la Educación, los resultados no pueden explicarse a partir de una única causa. “Sin duda es una problemática multicausal”, sostuvo al analizar las dificultades que atraviesa el sistema educativo.

Las pruebas PISA son realizadas cada tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y evalúan a estudiantes de 15 años en lectura, matemática y ciencias. En la edición 2025 participaron 91 sistemas educativos. Argentina forma parte de la evaluación desde su primera edición, en 2000.

El peso del contexto y las trayectorias escolares

Entre los factores que inciden sobre los aprendizajes, Del Carpio señaló en primer lugar el contexto socioeconómico. “Sabemos que afecta de manera fuerte”, explicó, aunque remarcó que no se trata de un factor determinante y que las escuelas tienen capacidad de intervención frente a esas desigualdades.

La relación entre las condiciones sociales y los resultados también puede observarse al comparar las distintas jurisdicciones. PISA, al tratarse de una evaluación muestral, no permite obtener resultados representativos para cada provincia, a diferencia de las pruebas nacionales Aprender.

En esta edición, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza ampliaron especialmente sus muestras para obtener mediciones propias. En términos generales, Del Carpio señaló que existe una relación entre el nivel socioeconómico de las provincias y sus resultados de aprendizaje: las jurisdicciones de mayores ingresos, como Ciudad de Buenos Aires y Córdoba, suelen presentar mejores desempeños, mientras que las provincias del NEA aparecen entre las de resultados más bajos.

Otro de los problemas que el especialista vinculó con las trayectorias educativas es el ausentismo. Desde Argentinos por la Educación vienen siguiendo el fenómeno ante la falta de estadísticas nacionales consolidadas. Según datos relevados en al menos tres jurisdicciones, se registra un promedio de 30 inasistencias anuales por estudiante.

El impacto acumulativo de ese nivel de ausentismo puede ser significativo. Del Carpio planteó que, si un estudiante acumulara 30 faltas por año durante los seis o siete años de la primaria, terminaría perdiendo aproximadamente el equivalente a un año completo de clases.

“Eso, por supuesto, tiene repercusiones en términos de aprendizaje”, sostuvo.

El celular, una discusión que llegó a las aulas

El uso de dispositivos tecnológicos constituye otro de los factores que comenzó a ocupar un lugar central en el debate educativo. Del Carpio señaló que las evaluaciones anteriores ya habían mostrado una situación particular de los estudiantes argentinos: son quienes registraban mayores niveles de distracción con el celular durante las clases entre los sistemas educativos evaluados.

A esto se suma la expansión temprana del dispositivo. Un informe de Argentinos por la Educación citado por el especialista mostró que seis de cada diez chicos de ocho años ya tienen un celular propio.

La discusión también comenzó a traducirse en regulaciones. Actualmente, 11 jurisdicciones argentinas cuentan con algún tipo de regulación sobre el uso de celulares en las escuelas. Las medidas van desde restricciones o prohibiciones en determinados niveles hasta la posibilidad de que cada institución establezca sus propias reglas.

Para Del Carpio, el debate no debería plantearse como una oposición entre tecnología y educación. El celular también puede funcionar como una herramienta de acceso a recursos educativos que de otro modo serían difíciles de obtener.

El desafío, planteó, pasa por fortalecer la capacidad de las instituciones y los docentes para definir cuándo su utilización tiene sentido pedagógico y cuándo puede convertirse en una distracción.

“El punto importante es cómo dotamos a la escuela y a los docentes de la autoridad pedagógica para determinar cuándo usar el celular y cuándo no, cuando eso tenga un beneficio pedagógico para el aprendizaje”, afirmó.

Alfabetización: los resultados todavía requieren tiempo

Los resultados de PISA también abrieron interrogantes sobre las políticas de alfabetización que comenzaron a implementarse en distintas provincias durante los últimos años. Desde Argentinos por la Educación impulsaron buena parte de la discusión pública sobre las dificultades que presentan los estudiantes en los primeros años de escolaridad.

Sin embargo, Del Carpio advirtió que no es posible establecer una relación directa entre esas políticas y los resultados de PISA 2025. Los estudiantes evaluados tienen 15 años y atravesaron buena parte de su escolaridad antes de la implementación de los programas de alfabetización más recientes, que estuvieron dirigidos principalmente a los primeros años de la primaria.

“Los chicos que fueron evaluados en PISA son chicos de 15 años que han transitado muchos años de escolaridad y que, en general, no fueron alcanzados por estos planes de alfabetización que empezaron hace dos o tres años”, explicó.

Para observar posibles efectos de esas políticas será necesario, entonces, esperar nuevas evaluaciones. Mientras tanto, las pruebas Aprender ofrecen algunos indicios. En las evaluaciones recientes de sexto grado se observaron mejoras en lengua y, en menor medida, también en matemática.

Para el especialista, esos resultados muestran la importancia de concentrar las políticas educativas en los aprendizajes fundamentales y, al mismo tiempo, evitar que las iniciativas queden limitadas a períodos determinados.

“Para mejoras sostenidas y significativas en los aprendizajes fundamentales” es necesario priorizar áreas como lengua y matemática, pero también garantizar la continuidad de las políticas, sostuvo.

La permanencia en el tiempo aparece así como una condición central. Si los programas de alfabetización comienzan a producir mejoras pero son interrumpidos, advierte Del Carpio, difícilmente esos avances puedan consolidarse.

El desafío, en ese sentido, excede los resultados de una evaluación puntual. Habrá que esperar varios años para saber si los estudiantes que actualmente muestran mejores desempeños en los primeros años de la primaria logran sostener esas trayectorias y alcanzan mejores resultados cuando lleguen a los 15 años, la edad en la que volverán a ser medidos por PISA.

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